El derecho maya prehispánico

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Es una cuestión bien interesante la organización jurídica de los mayas prehispánicos. Hace tiempo me encontré con este artículo de Antonio Salcedo Flores, profesor de la UAM Azcapotzalco, publicado en una revista del departamento de Derecho de dicha institución, y apenas tuve oportunidad de leerlo por encima en mi cortísimo periodo vacacional. Espero pronto tener un espacio para leer con más tranquilidad y de otras fuentes; en general me parecen muy interesantes las sociedades prehispánicas.

Quisiera resaltar algunas cuestiones, que yo diría todos debemos tener presentes -al menos en México-, mostradas como conclusiones o texto resaltado en la publicación:

  • Entre los mayas no existió la pena de prisión, sí las de muerte, del talión y de esclavitud, que eran trascendentales. Diferenciaron el dolo de la culpa. Neutralizaban al delincuente matándolo o esclavizándolo.
  • Los trabajadores eran de tres clases: asalariados, siervos y esclavos.
  • La justicia era expedita y definitiva. (…) No conocieron los medios de impugnación. Utilizaron el Derecho para sojuzgar al pueblo.
  • Cada pueblo tenía gente escogida como soldados, que, cuando era necesario, acudía con sus armas; eran llamados holcanes. Después de la victoria quitaban a los muertos la quijada, la limpiaban y se la ponían en el brazo. Cuando un guerrero capturaba a un enemigo en la batalla, el aprehendido se convertía en su propiedad personal.

Para detalles consulta el artículo completo: El derecho maya prehispánico, un acercamiento a su fundamentación socio-política. Con la siguiente cita finaliza el mismo:

En la lucha hubo un incidente que llamó la atención, y fue que en lo más reñido de ella, un ballestero español que causaba numerosas bajas entre los naturales, se propuso tirar a un indio que igualmente se distinguía por la precisión con que disparaba las flechas, ocasionando algún daño entre sus contrarios. Ambos valientes buscábanse en los combates, como deseando realizar un duelo concertado tácitamente. El indio permaneció como distraído esperando que se disparase la ballesta para lanzar la flecha; el español, creyó verdaderamente la distracción y disparó la jara; pero con suma rapidez lanzó el indio la flecha, y a tiempo que se oyó decir al Capitán Dávila: “Guardaos, Treviño, que estáis herido”, el indio se arrancaba del pecho la jara castellana exclamando: “No moriré a tus manos, perro cristiano;” y alejándose algo, se ahorcó con un bejuco.

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